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miércoles, 22 de abril de 2009

Prólogo al Intermezzo lírico de Heinrich Heine

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Intermezzo lírico

(1822-1823)


De mis ansías, tormentos y querellas
es este libro humilde panteón:
al hojear sus páginas, en ellas
aún sentiréis latir mi corazón.


Prólogo

Era un hidalgo sombrío,
de faz adusta y siniestra,
que pálido y silencioso
vagaba con planta incierta,
lleno el pecho de suspiros,
llena el alma de quimeras.
Era tan arisco y fosco
que al verlo pasar, malévolas
mirábanse y sonreían
las flores y las doncellas.
En el rincón más obscuro
de su lóbrega vivienda,
recatándose de todos,
pasaba la noche entera.
Ambos los brazos al cielo
levantaba con frecuencia,
sin decir una palabra,
sin murmurar una queja.
Pero al tocar media noche,
escuchábanse allá fuera
acordados instrumentos,
coros de voces angélicas,
y al poco rato llamaban,
blandos golpes a la puerta.
Y cual sombra que resbala,
hermosa, ideal, aérea,
entraba su dulce amante,
en gasas de espuma envuelta.
Era el velo de su frente
de hilos de escarchadas perlas;
sus mejillas, cual la rosa
que la aurora colorea.
Caían sobre sus hombros
olas de doradas crenchas;
derramaban sus pupilas
apasionadas ternezas,
y -¡ay Dios!- ¡cómo se abrazaban
el caballero y la bella!
Estrechábala el hidalgo,
y el mismo entonces ya no era:
el tímido se aventura,
el soñoliento despierta,
el arisco se enternece,
late el insensible y tiembla.
Y ella, le hostiga mimosa
y le provoca risueña,
y con el fúlgido velo,
envuélvele la cabeza.
En alcázar diamantino
el caballero se encuentra;
tanta hermosura le asombra,
tanto resplandor le ciega.
Y aún en sus ansiosos brazos
a la encantadora estrecha,
y es su afortunado esposo,
y su dulce esposa es ella,
y en torno tañe la cítara
coro de sílfides bellas.
Tañe la cítara, canta
y el pie a las danzas apresta...
El amante desfallece,
y aún abraza a la hechicera;
pero, de pronto, las luces
se apagan, y en las tinieblas,
en el rincón más obscuro
de su lóbrega vivienda,
otra vez solo y sombrío
está el hidalgo, ¡el poeta!


Poema: En Mayo, cuando las flores de Heinrich Heine

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- 1 -

En Mayo, cuando las flores
abren todas el botón,
sentí nacer los amores
dentro de mi corazón.

En Mayo, cuando las aves
rompen todas a cantar
les dije mis ansias graves
y mi oculto malestar.

Poema: Vierto una lágrima, y miro de Heinrich Heine

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- 2 -

Vierto una lágrima, y miro
brotar al punto una flor;
y cuando exhalo un suspiro
se trueca en un ruiseñor.

Si me quieres, esas flores
todas para ti serán;
y todos los ruiseñores
en tu reja cantarán.

Poema: La paloma y la rosa, el sol y el lirio de Heinrich Heine

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- 3 -

La paloma y la rosa, el sol y el lirio,
amaba en otro tiempo con delirio:
hoy, te amo solamente
a ti, mi niña hermosa,
a ti, de todo amor única fuente,
a ti, paloma y lirio, sol y rosa.

Poema: Cuando dulces y tranquilas de Heinrich Heine

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- 4 -

Cuando dulces y tranquilas
me contemplan tus pupilas,
se disipa mi aflicción;
cuando, sin miedos ni agravios,
tus labios das a mis labios,
curado está el corazón.

Cuando la cabeza inclino
en tu seno alabastrino,
el cielo siento bajar;
cuando tu labio sincero
exclama: «¡Cuánto te quiero!»
rompo entonces a llorar.

Poema: Te vi hermosa, purísima, radiante de Heinrich Heine

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- 5 -

Te vi hermosa, purísima, radiante,
en sueño halagador; hoy vuelvo a verte:
aún es tan bello y dulce tu semblante;
pero pálido está como la muerte.

Sólo tus labios el carmín inflama,
y borra el beso sus matices rojos:
¡de aquella que admiré, celeste llama,
nada queda en tus ojos!

Poema: La frente inclina tú sobre mi frente de Heinrich Heine

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- 6 -

La frente inclina tú sobre mi frente,
y corran juntos nuestros lloros luego;
el pecho pon sobre mi pecho ardiente,
y los dos ardan en el mismo fuego.

Caiga sobre esa hoguera devorante
nuestro copioso llanto en largo río;
oprímate en mis brazos, loco amante,
y moriré dichoso, dueño mío.

Poema: Depositar quisiera el alma mía de Heinrich Heine

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- 7 -

Depositar quisiera el alma mía
en el cáliz gentil de un lirio en flor,
y que cantara el lirio noche y día
canciones a mi amor.

Y que se estremecieran palpitantes
esas canciones, como el beso aquel
que recibí en dulcísimos instantes
de tus labios de miel.

Poema: Están en el firmamento de Heinrich Heine

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Están en el firmamento
inmóviles las estrellas,
y con dulce arrobamiento
se miran y hablan entre ellas.

Se hablan con amor profundo
en lengua tan singular,
que ningún sabio del mundo
la ha podido descifrar.

Yo la tengo descifrada
y jamás la olvidaré;
en el rostro de mi amada
el vocabulario hallé.

Poema: Te llevaré en las alas de mi canto de Heinrich Heine

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- 9 -

Te llevaré en las alas de mi canto,
te llevaré muy lejos, dueño mío;
a la orilla feliz del Ganges santo
tengo un albergue espléndido y umbrío.

A la luz de la luna, en valle ignoto,
floresta yace allí, fresca y lozana,
do la flor pura del sagrado loto
espera fiel a su amorosa hermana.

Allí charlan las pálidas violetas
y a los astros sonríen cariñosas;
allí dicen, en pláticas discretas,
sus cuentos aromáticos las rosas.

Allí, vagos rumores escuchando,
se para la gacela diligente;
allí, a lo lejos, con murmurio blando
fluye del Santo Río la corriente.
Reclinados allí, mi dulce dueño,
a la trémula sombra de las palmas,
de paz y dicha celestial ensueño
disfrutarán unidas nuestras almas.

Poema: A la lumbre del sol abrasadora de Heinrich Heine

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- 10 -

A la lumbre del sol abrasadora
cierra la flor del loto el tierno broche;
y aguarda, soñadora,
la apetecida noche.

La luna, que es su amante,
con sus pálidos rayos la despierta;
y la flor los recibe palpitante,
la faz ya descubierta.

Arde, fulgura, exhala su perfume,
contempla ansiosa el cielo,
tiembla, suspira, llora y se consume
en amoroso anhelo.

Poema: El Rhin sagrado desata de Heinrich Heine

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El Rhin sagrado desata
su caudaloso raudal,
y en sus espejos de plata
Colonia copia y retrata
su famosa catedral.

En la catedral aquella
hay, sobre cuero dorado,
pintada una imagen bella,
que en mi cielo encapotado
siempre fue benigna estrella.

Es la Virgen, que triunfante
está de ángeles cercada;
sus ojos, su labio amante,
todo en ella es semejante
al rostro de mi adorada.

Poema; Por qué jurar y ofrecer de Heinrich Heine

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¿Por qué jurar y ofrecer?
Bésame con frenesí,
pues nunca, hermosa, creí
en palabras de mujer;
si tu voz me da placer,
más dulce tu beso siento;
que eres mía experimento,
y así mi ventura labras;
que lo demás son palabras,
palabras que lleva el viento.

Pero, no; ¡promete y jura!
Una palabra, mi vida,
de tu boca bendecida
toda mi dicha asegura.
Alcanzo tanta ventura
cuando en tus brazos me ves,
que sueño yo -¡soñar es!-
que has de amarme, en puridad
por toda la eternidad,
y aún mucho tiempo después.

Poema: No me quieres, no me quieres de Heinrich Heine

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- 13 -

No me quieres, no me quieres,
y soporto tu desdén;
tu rostro de cielo miro,
y soy más feliz que un rey.
Me odias; de tus propios labios
lo escucho: ¡cómo ha de ser!
¡Deja que tus labios bese;
y así me consolaré!

Poemas: Cuántas canciones dediqué a los rojos de Heinrich Heine

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¡Cuántas canciones dediqué a los rojos
labios de mi adorada!
¡Cuántos tercetos a sus bellos ojos
y a su dulce mirada!

Y si mi hermosa corazón tuviera,
también, fino y discreto,
a su sensible corazón hiciera
un bonito soneto!

Poema: El mundo está ciego y loco de Heinrich Heine

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El mundo está ciego y loco;
¡cuán vanos sus juicios son!
Dice, ¡oh bien a quien invoco,
que tienes mal corazón!
El mundo está loco y ciego!
No te conoció jamás.
No sabe cómo arde el fuego
en los besos que me das.

Poema: Dímelo tú, dueño mío de Heinrich Heine

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Dímelo tú, dueño mío:
¿Eres sueño halagador
que en una tarde de estío
forjó el dulce desvarío
del vate, loco de amor?

¡Oh! no: tus labios de rosa,
tu gracia alegre y donosa,
tu pupila, que arde inquieta,
no pueden ser, niña hermosa,
un ensueño del poeta.

Basiliscos y dragones,
horripilantes visiones
y monstruosos disparates;
esas son las creaciones
permitidas a los vates.

Pero tu dulce alegría,
tu travesura discreta,
tu genial coquetería,
no pueden ser, vida mía,
un ensueño del poeta.

Poema: Como al nacer del mar Venus gloriosa de Heinrich Heine

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Como al nacer del mar Venus gloriosa,
hoy con todo el fulgor de su hermosura,
brilla mi dulce amada: tierna esposa,
amor a otro hombre jura.

¡Paciente corazón, tu enojo apaga!
no acuses su perjurio y su mancilla:
disculpa, pobre corazón, cuanto haga
la adorable loquilla.

Poema: No te acuso, al perderte, dueño mío de Heinrich Heine

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No te acuso, al perderte, dueño mío:
no te acuso, aunque el alma me quebrantes:
¡Bella estás con tu espléndido atavío!
¿Podrá, empero, el fulgor de los diamantes
iluminar tu corazón sombrío?

¡Ah! lo sé todo: en dolorido ensueño
vi tu hondo corazón: ¡era morada
de noche obscura, horrible, encapotada!
Y víboras vi en él, ¡oh dulce dueño,
y vi que eras también desventurada!

Poema: Desdichada eres tú, querida mía de Heinrich Heine

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Desdichada eres tú, querida mía;
desdichados al par somos los dos;
desdichados seremos hasta el día
que cure nuestro mal la muerte pía,
¡hasta que quiera Dios!

Brilla en tus labios risa de despecho,
y en tu mirar irónica altivez;
glorioso y satisfecho,
late el orgullo en tu triunfante pecho;
y somos desdichados a la vez!

Al arder más espléndidos tu ojos,
una lágrima en ellos asomó;
mueren las risas en tus labios rojos;
tu pecho esconde míseros enojos,
¡y eres tan desdichada como yo!

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