Mostrando entradas con la etiqueta Ramón López Velarde. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ramón López Velarde. Mostrar todas las entradas

lunes, 26 de enero de 2009

Ramón López Velarde - Y pensar que pudimos

By

Y pensar que pudimos

Y pensar que extraviamos
La senda milagrosa
En que se hubiera abierto
Nuestra ilusión, como una perenne rosa...

Y pensar que pudimos
Enlazar nuestras manos
Y apurar en un beso
La comunión de fértiles veranos...

Y pensar que pudimos
En una onda secreta
De embriaguez, deslizarnos,
Valsando un vals sin fin, por el planeta...

Y pensar que pudimos,
Al rendir la jornada,
Desde la sosegada
Sombra de tu portal y en una suave
Conjunción de existencias,
Ver las cintilaciones del zodíaco
Sobre la sombra de nuestras conciencias...

poema de Ramón López Velarde

Ramón López Velarde - Viaje al terruño

By
Viaje al terruño

A Enrique Fernández Ledezma.


De tu magnífico traje
Recogeré la basquiña
Cuando te llegues, o niña,
Al estribo del carruaje.
Esperando para el viaje
la tarde tiene desmayos
Y de sus últimos rayos
La luz mortecina ondea
En la lujosa librea
De los corteses lacayos.

No temas: por los senderos
Polvosos y desolados
Te velarán mis cuidados,
Galantes palafreneros.
Y cuando con mil luceros
En opulento derroche
Se venga encima la noche,
Obsequiará tus oídos
Con sus monótons ruidos
La serenata del coche.


EN CAMINO

Al fin te ve mi fortuna
Ir, a mi abrigo amoroso,
Al buen terruño oloroso
En que se meció tu cuna
Los fulgores de la luna,
Desteñidos oropeles,
Se cuajan en tus broqueles
Y van por la senda larga,
Orgullosos de su carga,
Los incansables corceles.

De la noche en el arcano
Llega al éxtasis la mente
Si beso devotamente
Los pétalos de tu mano.
En la blancura del llano
Una fantasía rara
Las lagunas comparara,
Azuladas y tranquilas,
Con tus azules pupilas
En la nieve de tu cara.

La aurora su lumbre viva
Manda al cárdeno celaje
Y al empolvado carruaje
Un rayo de luz furtiva.
Surge la ciudad nativa:
En sus lindes, un bohío
Parece ver que del río
El cristal rompen las ruedas,
Y entre mudas alamedas
Se recata el caserío.

Como níveo relicario
Que ocultan los naranjales,
Del coche por los cristales
¿no distingues el Santuario?
Del esbelto campanario
Salen y rayan los cielos
Las palomas con sus vuelos,
Cual si las torres, mi vida,
Te dieran la bienvenida
Agitando sus pañuelos.


LLEGADA

Por las tapias la verdura
Del jazmín cuelga a la calle,
Y respira todo el valle
Melancólica ternura.
Aromarán la frescura
De tus carrillos sedeños
Los jardines lugareños,
Y en las azules mañanas
Llegarán a tus ventanas,
En enjambres, los ensueños.

Escucharás, amor mío,
Girando en eterna danza
La interminable tardanza
De las hojas... Y en el frío
Mes de diciembre sombrío,
En el patriarcal sosiego
Del hogar, mi dulce ruego
Ha de loar to belleza
Cabe la muda tristeza
Del caserón solariego.

Esparcirán sus olores
Las pudibundas violetas
Y habrá sobre tus macetas
Las mismas humildes flores:
La misma charla de amores
Que su diálogo desgrana
En la discreta ventana,
Y siempre llamando a misa
El bronce, loco de risa
De la traviesa campana.

A tus plácidos hogares
Irán las venturas viejas
Como vienen las abejas
A buscar los colmenares.
Y mi cariño en tus lares
Verás cómo se acurruca
Libre de pompa caduca,
Al estrecharte mi abrazo
En el materno regazo
De tu aromosa tierruca.

poema de Ramón López Velarde

Ramón López Velarde - Tus ventanas

By
Tus ventanas

Tus ventanas, con pájaros y flores
Tus ventanas que miran al Oriente,
Están esclarecidas con la gracia
De la aurora riente
Que con primicias de su luz decora
La virtud de tu frente.

Tus ventanas de antigua arquitectura
En que el canario, a trinos, alborota
La paz de tu silencio provinciano;
Ventanas en que flota,
Para embriaguez de los amantes fieles,
La desmayada ofrenda del perfume
De rosas y claveles...

Tus ventanas, Amor, de cuya clave
Quise colgar la jaula de mi dicha
Para que la cuidaras como una ave;
Ventana de madera
En que en vano soñé dejar prendida
Mi devoción como una enredadera...

Tus ventanas que miran al oriente
Y madrugan, fragantes, de limpieza
¿Esperaron un alba,
de cándida belleza
o el regreso del novio
que anda en tierras de olvido,
o esperan, acaso,
el milagro de un sol desconocido?

Ventanas que rondé
En la alborada de mis mocedades,
Rejas con agua, y luz, y caracoles
En que Ella gusta de escuchar el sordo
Fragor de las marinas tempestades;
Rejas dignas de célebres idilios.
Rejas de mi noviazgo adolescente,
Que yo os mire de nuevo
¡Oh ventanas abiertas al Oriente!

poema de Ramón López Velarde

Ramón López Velarde - Tu voz profética

By
Tu voz profética

¡Ay de Dios, que tu palabra
me tiene embrujada
el alma!
Mi lírica adolescencia
Y tu existencia
Gitana
Se dicen en la ventana
Cosas
De amor y buenaventura
En estas noches lluviosas

Juran por Cristo, venerables dueñas,
De quien llora en el vientre de la madre
Conoce del futuro; tú gemiste
Antes de que nacieras, y por eso
Tus artes de gitana me iluminan
En los discursos de tu voz profética.

Me haces la caridad de tu palabra
Y por oírte hablar quedan las cosas
Enmudecidas religiosamente,
Y yo me maravillo del concepto
Que en tu boca, Fuensanta, se hace música,
Y me quedo pendiente de tus labios
Como quien se divierte con cristales.

Me embelesa el decoro de tu plática,
Y ante tu vista escrutadora extiendo
La palma de las manos, predices,
Mi destino en lenguaje milagroso.


Y sigues conversando, eres la clave
Del dolor y del gozo; abarca todas
Las horas venideras, la mirada
De tus ojos sintéticos, bien mío.
Y con tu rostro ecuánime subyugas
¡oh tú, la bienpensada que conversas
cual si hubieses venido del misterio!

¡Si me quitan el regalo
de tus proféticos labios,
me muero de desencanto!

Dios quiera
Que se conserve el prodigio
De tu palabra hechicera
Para decirme en voz baja
cosas
De amor y buenaventura
En estas noches lluviosas.

Y nuestro dulce noviazgo
Será, Fuensanta, una flor
Con un pétalo de enigma
Y otro pétalo de amor.
¡Tú me dirás del enigma,
yo te diré del amor!

¡Ay de Dios, que tu palabra
me tiene embrujada
el alma!

poema de Ramón López Velarde

Ramón López Velarde - Suiza

By
Suiza

Para Bohemio

AMANECE: se iluminan
los vetustos Lepontinos,
los aldeanos llevan leche
en los jarros blanquecinos
y en los aires se dispersan
de los pájaros lor trinos.

Perezosos van remando
los ancianos gondoleros,
de las vacas se perciben
los mugidos lastimeros,
y las nieves se deshacen
en los viejos vestiqueros.

Las campánulas se mecen
de la brisa al tibio halago;
y derrama el sol naciente
que matiza el cielo vago,
el reguero de colores
en la clámide del lago.


poema de Ramón López Velarde

Ramón López Velarde - La Suave Patria

By
La Suave Patria

PROEMIO

Yo que sólo canté de la exquisita
partitura del íntimo decoro,
alzo hoy la voz a la mitad del foro
a la manera del tenor que imita
la gutural modulación del bajo,
para cortar a la epopeya un gajo.


Navegaré por las olas civiles
con remos que no pesan, porque van
como los brazos del correo Chuan
que remaba la Mancha con fusiles.
Diré con una épica sordina:
la Patria es impecable y diamantina.


Suave Patria: permite que te envuelva
en la más honda música de selva
con que me modelaste por entero
al golpe cadencioso de las hachas,
entre risas y gritos de muchachas
y pájaros de oficio carpintero.


PRIMERO ACTO


Patria: tu superficie es el maíz,
tus minas el palacio del Rey de Oros,
y tu cielo las garzas en desliz
y el relámpago verde de los loros.


El Niño Dios te escrituró un establo
Y los veneros de petróleo el diablo.


Sobre tu Capital, cada hora vuela
ojerosa y pintada, en carretela;
y en tu provincia, del reloj en vela
que rondan los palomos colipavos,
las campanadas caen como centavos.


Patria: tu mutilado territorio
se viste de percal y de abalorio.


Suave Patria: tu casa todavía
es tan grande, que el tren va por la vía
como aguinaldo de juguetería.


Y en el barullo de las estaciones,
con tu mirada de mestiza, pones
la inmensidad sobre los corazones.


¿Quién, en la noche que asusta a la rana,
no miró, antes de saber del vicio,
del brazo de su novia, la galana
pólvora de los fuegos de artificio?


Suave Patria: en tu tórrido festín
luces policromías de delfín,
y con tu pelo rubio se desposa
el alma, equilibrista chuparrosa,
y a tus dos trenzas de tabaco, sabe
ofrendar aguamiel toda mi briosa
raza de bailadores de jarabe.


Tu barro suena a plata, y en tu puño
su sonora miseria es alcancía;
y por las madrugadas del terruño,
en calles como espejos, se vacía
el santo olor de la panadería.


Cuando nacemos, nos regalas notas;
después, un paraíso de compotas,
y luego te regalas toda entera,
suave Patria, alacena y pajarera.


Al triste y al feliz dices que sí,
que en tu lengua de amor prueban de ti
la picadura del ajonjolí.


¡Y tu cielo nupcial, que cuando truena
de deleites frenéticos nos llena!


Trueno de nuestras nubes, que nos baña
de locura, enloquece a la montaña,
requiebra a la mujer, sana al lunático,
incorpora a los muertos, pide el Viático,
y al fin derrumba las madererías
de Dios, sobre las tierras labrantías.


Trueno del temporal: oigo en tus quejas
crujir los esqueletos en parejas;
oigo lo que se fue, lo que aún no toco,
y la hora actual con su vientre de coco.
Y oigo en el brinco de tu ida y venida,
¡oh, trueno!, la ruleta de mi vida.


INTERMEDIO


(Cuauhtémoc)


Joven abuelo: escúchame loarte,
único héroe a la altura del arte.


Anacrónicamente, absurdamente,
a tu nopal inclínase el rosal;
al idioma del blanco, tú lo imantas
y es surtidor de católica fuente
que de responsos llena el victorial
zócalo de ceniza de tus plantas.


No como a César el rubor patricio
te cubre el rostro en medio del suplicio;
tu cabeza desnuda se nos queda,
hemisféricamente, de moneda.


Moneda espiritual en que se fragua
todo lo que sufriste: la piragua
prisionera, el azoro de tus crías,
el sollozar de tus mitologías,
la Malinche, los ídolos a nado,
y por encima, haberte desatado
del pecho curvo de la emperatriz
como del pecho de una codorniz.


SEGUNDO ACTO


Suave Patria: tú vales por el río
de las virtudes de tu mujerío.
Tus hijas atraviesan como hadas,
o destilando un invisible alcohol,
vestidas con las redes de tu sol,
cruzan como botellas alambradas.


Suave Patria: te amo no cual mito,
sino por tu verdad de pan bendito,
como a niña que asoma por la reja
con la blusa corrida hasta la oreja
y la falda bajada hasta el huesito.


Inaccesible al deshonor, floreces;
creeré en ti mientras una mexicana
en su tápalo lleve los dobleces
de la tienda, a las seis de la mañana,
y al estrenar su lujo, quede lleno
el país, del aroma del estreno.


Como la sota moza, Patria mía,
en piso de metal, vives al día,
de miagros, como la lotería.


Tu imagen, el Palacio Nacional,
con tu misma grandeza y con tu igual
estatura de niño y de dedal.


Te dará, frente al hambre y al obús,
un higo San Felipe de Jesús.


Suave Patria, vendedora de chía:
quiero raptarte en la cuaresma opaca,
sobre un garañon, y con matraca,
y entre los tiros de la policía.


Tus entrañas no niegan un asilo
para el ave que el párvulo sepulta
en una caja de carretes de hilo,
y nuestra juventud, llorando, oculta
dentro de ti, el cadáver hecho poma
de aves que hablan nuestro mismo idioma.


Si me ahogo en tus julios, a mí baja
desde el vergel de tu peinado denso
frescura de rebozo y de tinaja:
y si tirito, dejas que me arrope
en tu respiración azul de incienso
y en tus carnosos labios de rompope.


Por tu balcón de palmas bendecidas
el Domingo de Ramos, yo desfilo
lleno de sombra, porque tú trepidas.


Quieren morir tu ánima y tu estilo,
cual muriéndose van las cantadoras
que en las ferias, con el bravío pecho
empitonando la camisa, han hecho
la lujuria y el ritmo de las horas.


Patria, te doy de tu dicha la clave:
sé siempre igual, fiel a tu espejo diario;
cincuenta veces es igual el ave
taladrada en el hilo del rosario,
y es más feliz que tú, Patria suave.


Sé igual y fiel; pupilas de abandono;
sedienta voz, la trigarante faja
en tus pechugas al vapor; y un trono
a la intemperie, cual una sonaja:
la carreta alegórica de paja.

poema de Ramón López Velarde

Ramón López Velarde - Pureza

By
Pureza

La pasión con que te adoro es la espléndida pureza
de las flores del altar, es el lánguido desmayo
que domina a los amantes cuando sienten la cabeza
de la virgen desposada en su pecho descansar;
la pasión con que te adoro es tan blanca como rayo
de la luna, que se mira en la vidriera atravesar.

Son tan puros mis amores cual las ansias ignoradas
con que besan a la espuma los nenúfares del río
al brillar entre el boscaje las luciérnagas doradas;
las ternuras que te guardo no se han muerto con el frío:
son las únicas ternuras que han quedado inmaculadas
en el fondo cenagoso de mi espíritu sombrío.

Al sentir que vuela a ti mi fe última de niño
te consagro la sublime floración de mi cariño
porque brillas con fulgores de divina refulgencia
en las sombras impalpables que han envuelto mi existencia
cual destello cintilante de las luces de algún astro
o cual nítida blancura de una estatua de alabastro.

He mirado indiferente el amor de otras mujeres
porque sólo tú no dejas el hastío de los placeres,
porque sólo a tu mirada temblorosa de pasión
se arrodillan las más puras ilusiones de mi infancia,
y quisiera saturar el marchito corazón
de tu alma de querube con la púdica fragancia.

De mi alma contemplé la blancura ya perdida,
y al buscar amores castos por la senda del camino
sólo tú le respondiste al doliente peregrino,
pues mi espíritu manchado de tu espíritu es hermano,
y embalsama tu pureza los dolores de mi vida
cual perfuma la azucena el ambiente del pantano.

Fe levantas, sueño de oro, en mi alma que te espera,
cual se aleja en las mañanas de los días la primavera,
cuando trinan las calandrias en las verdes enramadas
la plegaria gemebunda de los bronces del santuario,
cual la hostia se levanta en las ondas azuladas
de los círculos ligeros que despide el incensario.

poema de Ramón López Velarde

Ramón López Velarde - Promesa

By
Promesa

Oh novia imposible,
tan casta y hermosa, tan pura y tan buena,
que tarde por tarde
en la muda ventana me esperas
y envejeces ansiando que pronto
termine mi ausencia,
me verás cuando pasen los años,
retornar por la mustia vereda
y con inquietudes
llamar a tu puerta;
que en la austera quietud de tu alcoba
donde todas las cosas conversan
de escenas pasadas,
de dichas pretéritas,
hallarán sempiterno reposo
mis fúnebres penas;
y tus manos surcadas de arrugas
me darán las caricias postreras,
caricias que saben
a miel de tristeza,
caricias que saben
a miel de colmenas,
pero no de colmenas sabrosas
que gusta la vida cuando es primavera
sino miel en que endulzan sus males
las almas enfermas
cuando ya la existencia tramonta
y la noche eterna
de las decepciones
su abanico de sombras despliega,
y el amor es tan sólo un ocaso
de santas memorias, de ilusiones muertas.

Oh novia imposible,
tan pura y tan buena,
en estos renglones
hallarás mi sagrada promesa
de ir a tus brazos
que amantes me esperan.
Llegado a tus lares,
al volver a la casa risueña
en que envejeciendo
meditas mi ausencia,
ungirán las heridas de tu alma
mis frases ingenuas
mis versos antiguos,
al hablarte en la alcoba discreta
que el dolor peculiar de otros días
en su ambiente amoroso conserva.

Volveré... mas hoy no, que es preciso
dar también al cariño una tregua,
y por eso de todos mis lutos
la cruz llevo a cuestas
sin que alumbre la luz de tus ojos
mi árida senda.
La sola ventura
que en la vía penosa me resta
es creer que al llamar a tu casa
mi mano de viejo que débil golpea,
no hallará a mi piadoso reclamo
cerradas las puertas.

No desmayes: espera y confía:
que buscando la dicha perpetua
de hospedar mi ternura en tu casa
me verás, apoyado en la reja,
una tarde sombría de invierno
retornar por la mustia vereda
para que se cumpla
la antigua promesa,
y llena de canas
la triste cabeza,
llamar a tu alma,
tocar a tu puerta.

poema de Ramón López Velarde

Ramón López Velarde - Pobrecilla sonámbula

By
Pobrecilla sonámbula

Con planta imponderable
Cruzas el mundo y cruzas mi conciencia,
Y es tu sufrido rostro como un éxtasis
Que se dilata en una transparencia.

¡Pobrecilla sonámbula!
Pareces, en tu ruta de novicia,
Ir diciendo al azar: "No me hagáis daño;
Temo que me maltrate una caricia."

Devuelves su matiz inmaculado
Al paisaje ilusorio en que te posas
Y restituyesen su integridad
Inocente a los hombres y a las cosas.

Así cruzas el mundo,
Con ingrávidos pies, y en una transparencia
De éxtasis se adelgaza tu perfil,
Y vas diciendo: "Marcho en la clemencia
Soy la virginidad del panorama
Y la clara embriaguez de tu conciencia."

poema de Ramón López Velarde

Ramón López Velarde - Mi villa

By
Mi villa

Si yo jamás hubiera salido de mi villa,
con una santa esposa tendría refrigerio
de conocer el mundo por un solo hemisferio.

Tendría, entre corceles y aperos de labranza
a Ella, como octava bienaventuranza.

Quizá tuviera dos hijos, y los tendría
Sin un remordimiento ni una cobardía.
Quizá serían huérfanos, y cuidándolos yo,
el niño iría de luto, pero la niña no.

¿No me hubieras vivido, tú, que fuiste una aurora,
una granada roja de virginales gajos,
una devota de María Auxiliadora
y un misterio exquisito con los párpados bajos?

Hacía tu pie, hermosura y alimento del día,
recién nacidos, piando y piando de hambre
rodaran los pollitos, como esferas de estambre.

Quiero otra vez mis campos, mi villa y mi caballo
que en el sol y en la lluvia lanza a mitad del viaje
su relincho, penacho gozoso del paisaje.

Corazón que en fatigas de vivir vas a nado
y que estás florecido, como está la cadera
de Venus, y ceniciento cual la madera
en que grabó su puño de ánima el condenado:
tu tarde será simple, de ejemplar feligrés
absorto en el perfume de hogareños panqués
y que en la resolana se santigua a las tres.

Corazón: te reservo el mullido descanso
de la coqueta villa en que el señor mi abuelo
contaba las cosechas con su pluma de ganso.

La moza me dirá con su voz de alfeñique
marchándose al rosario, que le abrace la falda
ampulosa, al sonar el último repique.
Luego resbalaré por las frutales tapias
en recuerdo fanático de mis yertas prosapias.

Y si la villa, enfrente de la jocosa luna,
me reclama la pérdida de aquel bien que me dio,
sólo podré jurarle que con otra fortuna
el niño iría de luto, pero la niña no.

poema de Ramón López Velarde

Ramón López Velarde - Mi prima Águeda

By
Mi prima Águeda

A Jesús Villalpando


Mi madrina invitaba a mi prima Águeda
a que pasara el día con nosotros,
y mi prima llegaba
con un contradictorio
prestigio de almidón y de temible
luto ceremonioso.

Águeda aparecía, resonante
de almidón, y sus ojos
verdes y sus mejillas rubicundas
me protegían contra el pavoroso
luto...

Yo era rapaz
y conocía la o por lo redondo,
y Águeda, que tejía
mansa y perseverante en el sonoro
corredor, me causaba
calosfríos ignotos...
(Creo que hasta la debo la costumbre
heroicamente insana de hablar solo).

A la hora de comer, en la penumbra
quieta del refectorio,
me iba embelesando un quebradizo
sonar intermitente de vajilla
y el timbre caricioso
de la voz de mi prima.

Águeda era
(luto, pupilas verdes y mejillas
rubicundas) un cesto policromo
de manzanas y uvas
en el ébano de un armario añoso.

poema de Ramón López Velarde

Ramón López Velarde - La tejedora

By
La tejedora

Tarde de lluvia en que se agravan
Al par que una íntima tristeza
Un desdén manso de las cosas
Y una emoción sutil y contrita que reza.

Noble delicia desdeñar
Con un desdén que no se mide,
Bajo el equívoco nublado:
Alba que se insinúa, tarde que se despide.

Sólo tú no eres desdeñada,
Pálida que al arrimo de la turbia vidriera,
Tejes en paz en la hora gris
Tejiendo los minutos de inmemorial espera.

Llueve con quedo sonsonete,
Nos da el relámpago, luz de oro,
Y entra un suspiro, en vuelo de ave gragante y húmeda,
A buscar tu regazo, que es refugio y decoro.

¡Oh, yo podría poner mis manos
sobre tus hombros de novicia
y sacudirte en loco vértigo
por lograr que cayese sobre mi tu caricia,
cual se sacude el árbol prócer
(que preside las gracias floridas de un vergel)
por arrancarle la primicia
de sus hojas provestas y sus frutos de miel.

Pero pareces balbucir,
Toda callada y elocuente:
"Soy un frágil otoño que teme maltratarse"
E infiltras una casta quietud convaleciente
Y se te ama en una tutela suave y leal,
Como a una párvula enfermiza
Hallada por el bosque un día de vendaval.

Tejedora: teje en tu hilo
La inercia de mi sueño y tu ilusión confiada;
Teje el silencio; teje la sílaba medrosa
Que cruza nuestros labios y que no dice nada;
Teje la fluida voz del Angelus
Con el crujido de las puertas:
Teje la sístole y la diástole
De los penados corazones
Que en la penumbra están alertas.


Divago entre quimeras difuntas y entre sueños
Nacientes, y propenso a un llanto sin motivo,
Voy, con el ánima dispersa
En el atardecer brumoso y efusivo,
Contemplándote, Amor, a través de una niebla
De pésame, a través de una cortina ideal
De lágrimas, en tanto que tejes dicha y luto
En un limbo sentimental.

poema de Ramón López Velarde

Ramón López Velarde - La lágrima

By
La lágrima

Encima
de la azucena esquinada
que orna la cadavérica almohada;
encima
del soltero dolor empedernido
de yacer como imberbe congregante
mientras los gatos erizan el ruido
y forjan una patria espeluznante;
encima
del apetito nunca satisfecho,
de la cal
que demacró las conciencias livianas,
y del desencanto profesional
con que saltan del lecho
las cortesanas;
encima
de la ingenuidad casamentera
y del descalabro que nada espera;
encima de la huesa y del nido,
la lágrima salobre que he bebido.


Lágrima de infinito
que eternizaste el amoroso rito;
lágrima en cuyos mares
goza mi áncora su náufrago baño
y esquilmo los vellones singulares
de un compungido rebaño;
lágrima en cuya gloria se refracta
el iris fiel de mi pasión exacta;
lágrima en que navegan sin pendones
los mástiles de las consternaciones;
lágrima con que quiso
mi gratitud salar el Paraíso;
lágrima mía, en ti me encerraría,
debajo de un deleite sepulcral,
como un vigía
en su salobre y mórbido fanal.

poema de Ramón López Velarde

Ramón López Velarde - Idolatría

By
Idolatría

La vida mágica se vive entera
en la mano viril que gesticula
al evocar el seno o la cadera,
como la mano de la Trinidad
teológicamente se atribula
si el Mundo parvo, que en tres dedos toma,
se le escapa cual un globo de goma.


Idolatremos todo padecer,
gozando en la mirífica mujer.
Idolatría
de la expansiva y rutila garganta,
esponjado liceo
en que una curva eterna se suplanta
y en que se instruye el ruiseñor de Alfeo.


Idolatría
de los dos pies lunares y solares
que lunáticos fingen el creciente
en la mezquita azul de los Omares,
y cuando van de oro son un baño
para la tierra, y son preclaramente
los dos solsticios de un único año.


Idolatría
de la grácil rodilla que soporta,
a través de los siglos de los siglos,
nuestra cabeza en la jornada corta.


Idolatría
de las arcas,que son
y fueron y serán horcas cuadinas
bajo las cuales rinde el corazón
su diadema de idólatras espinas.


Idolatría
de los bustos eróticos y místicos
y los netos perfiles cabalísticos.


Idolatría
de la bizarra y música cintura,
guirnalda que en abril se transfigura,
que sirve de medida
a los más filarmónicos afanes,
y que asedian los raudos gavilanes
de nuestra juventud embravecida.


Idolatría
del peso femenino, cesta ufana
que levantamos entre los rosales
por encima de la primera cana,
en la columna de nuestros felices
brazos sacramentales.


Que siempre nuestra noche y nuestro día
clamen: Idolatría! Idolatría!

poema de Ramón López Velarde

Ramón López Velarde - Humildemente

By
Humildemente

A mi madre y a mis hermanas
Cuando me sobrevenga
el cansancio del fin,
me iré, como la grulla
del refrán, a mi pueblo,
a arrodillarme entre
las rosas de la Plaza,
los aros de los niños
y los flecos de seda de los tápalos.

A arrodillarme en medio
de una banqueta herbosa,
cuando sacramentando
al reloj de la torre,
de redondel de luto
y manecillas de oro,
al hombre y a la bestia,
al azahar que embriaga
y a los rayos del sol,
aparece en su estufa el Divinisimo.

Abrazado a la luz
de la tarde que borda,
como al hilo de una
apostólica araña,
he de decir mi prez
humillada y humilde,
más que las herraduras
de las mansas acémilas
que conducen al Santo Sacramento.


"Te conozco, Señor,
aunque viajas de incógnito,
y a tu paso de aromas
me quedo sordomudo,
paralítico y ciego,
por gozar tu balsámica presencia.

"Tu carroza sonora
apaga repentina
el breve movimiento,
cual si fuesen las calles
una juguetería
que se quedo sin cuerda.

"Mi prima, con la aguja
en alto, tras sus vidrios,
esta inmóvil con un gesto de estatua.

"El cartero aldeano
que trae nuevas del mundo,
se ha hincado en su valija.

"El húmedo corpiño
de Genoveva, puesto
a secar, ya no baila
arriba del tejado.

"La gallina y sus pollos
pintados de granizo
interrumpen su fábula.

"La frente de don Blas
petrificose junto
a la hinchada baldosa
que agrietan las raíces de los fresnos.

"Las naranjas cesaron
de crecer, y yo apenas
si palpito a tus ojos
para poder vivir este minuto.

"Señor, mi temerario
corazón que buscaba
arrogantes quimeras,
se anonada y te grita
que yo soy tu juguete agradecido.

"Porque me acompasaste
en el pecho un imán
de figura de trébol
y apasionada tinta de amapola.


"Pero ese mismo imán
es humilde y oculto,
como el peine imantado
con que las señoritas
levantan alfileres
y electrizan su pelo en la penumbra.

"Señor, este juguete
de corazón de imán,
te ama y te confiesa
con el intimo ardor
de la raíz que empuja
y agrieta las baldosas seculares.

"Todo está de rodillas
y en el polvo las frentes;
mi vida es la amapola
pasional, y su tallo
doblégase efusivo
para morir debajo de tus ruedas".

poema de Ramón López Velarde

domingo, 25 de enero de 2009

Ramón López Velarde - Huérfano

By
Huérfano

Huérfano quedará mi corazón
Alma del alma, si te vas de ahí,
Y para siempre lloraré por ti
Enfermo de amorosa consunción.

Triste renuncio a las venturas todas
De tu suave y eterna compañía,
Hoy que se apaga con la dicha mía,
El altar que soñé para mis bodas.

Y el templo aquel de claridad incierta
Y tú, como las vírgenes vestida,
Brillarán en la noche de mi vida
Como la luz de la esperanza muerta.

poema de Ramón López Velarde

Ramón López Velarde - En un jardín

By
En un jardín

Al decir que las penas son fugaces
En tanto que la dicha persevera,
Tu cara es sugestiva y hechicera
Y juegan a los novios los rapaces.

Al escuchar la apología que haces
Del mejor de los mundos, se creyera
Que lees a Abelardo... En voz parlera
Dialogas con los pájaros locuaces.

De pronto, sin que tu me lo adivines,
Cual por un sortilegio se contrista
Mi alma con la visión de los jardines,

Mientras oigo sonar plácidamente
Los trinos de tu plática optimista
Y el irisado chorro de la fuente.

poema de Ramón López Velarde

Ramón López Velarde - En el reinado de la primavera

By
En el reinado de la primavera

Josefa de los santos
(17 de marzo de 1880 - 7 de mayo de 1917)


Amada, es primavera.
Fuensanta, es que florece
La eclesiástica unción de la cuaresma.

Hay un alivio dulce
En las almas enfermas,
Porque abril con sus auras les va dando
La sensación de la convalecencia.

Se viste el cielo del mejor azul
Y de rosas la tierra,
Y yo me visto con tu amor... ¡Oh gloria
De estar enamorado, enamorado,
Ebrio de amor a ti, novia perpetua,
Enloquecidamente enamorado,
Como quince años, cual pasión primera!

Y con la dicha de palomas que huyen
Del convento en que estaban prisioneras
Y se ven lejos, bajo la promesa
Azul del firmamento
Y sobre la florida de la tierra,
Así vuelan a verte en otros climas
¡oh santa, amadísima, oh enferma!
Estos versos de infancia que brotaron
Bajo el imperio de la Primavera.

poema de Ramón López Velarde

Ramón López Velarde - Elogio a Fuensanta

By
Elogio a Fuensanta

Tú no eres en mi huerto la pagana
Rosa de los ardores juveniles;
Te quise como a una dulce hermana

Y gozoso dejé mis quince abriles.
Cual un ramo de flores de pureza
Entre tus manos blancas y gentiles.

Humilde te ha rezado mi tristeza,
Como en los pobres templos parroquiales
El campesino ante la virgen reza.

Antífona es su voz, y en los corales
De tu mística boca he descubierto
El sabor de los besos maternales.

Tus ojos tristes, de mirar incierto,
Recuérdanme dos lámparas prendidas
En la penumbra de un altar desierto.

Las palmas de tus manos son ungidas
Por mi, que provocando tus asombros
Las beso en las ingratas despedidas.

Soy débil, y al marchar por entre escombros
Me dirige la fuerza de tu planta
Y reclino las sienes en tus hombros.

Nardo es tu cuerpo y tu virtud es tanta
Que en tus brazos beatíficos me duermo
Como sobre los senos de una Santa.

¡Quien me otorgara en mi retiro yermo
Tener, Fuensanta, la condescendencia
De tus bondades a mi amor enfermo
Como plenaria y última indulgencia!

poema de Ramón López Velarde

Ramón López Velarde - Ella

By
Ella

Esta novia del alma con quien soñé en un día
Fundar el paraíso de una casa risueña
Y echar, pescando amores, en el mar de la vida
Mis redes, a la usanza de la edad evangélica.

Es blanca como la hostia de la primera misa
Que en una azul mañana miró decir la tierra
Luce negros los ojos, la túnica sombría
Y en un ungir las heridas las manos beneméritas.

Dormir en paz se puede sobre sus castos senos
De nieve, que beatos se hinchan como frutas
En la heredad de Cristo, celeste jardinero;

Tiene propiedades hondas y los labios de azúcar,
Y por su grave porte se asemeja al excelso
Retrato de la Virgen pintado por San Lucas.

poema de Ramón López Velarde

Entradas populares