martes, 27 de enero de 2009

Gabriela Mistral - Decálogo del artista

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Decálogo del artista

I. Amarás la belleza, que es la sombra de Dios sobre el Universo.

II. No hay arte ateo. Aunque no ames al Creador, lo afirmarás creando a su semejanza.

III. No darás la belleza como cebo para los sentidos, sino como el natural alimento del alma.

IV. No te será pretexto para la lujuria ni para la vanidad, sino ejercicio divino.

V. No la buscarás en las ferias ni llevarás tu obra a ellas, porque la Belleza es virgen, y la que está en las ferias no es Ella.

VI. Subirá de tu corazón a tu canto y te habrá purificado a ti el primero.

VII. Tu belleza se llamará también misericordia, y consolará el corazón de los hombres.

VIII. Darás tu obra como se da un hijo: restando sangre de tu corazón.

IX. No te será la belleza opio adormecedor, sino vino generoso que te encienda para la acción, pues si dejas de ser hombre o mujer, dejarás de ser artista.

X. De toda creación saldrás con vergüenza, porque fue inferior a tu sueño, e inferior a ese sueño maravilloso de Dios, que es la Naturaleza.

poema de Gabriela Mistral

lunes, 26 de enero de 2009

Ramón López Velarde - Y pensar que pudimos

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Y pensar que pudimos

Y pensar que extraviamos
La senda milagrosa
En que se hubiera abierto
Nuestra ilusión, como una perenne rosa...

Y pensar que pudimos
Enlazar nuestras manos
Y apurar en un beso
La comunión de fértiles veranos...

Y pensar que pudimos
En una onda secreta
De embriaguez, deslizarnos,
Valsando un vals sin fin, por el planeta...

Y pensar que pudimos,
Al rendir la jornada,
Desde la sosegada
Sombra de tu portal y en una suave
Conjunción de existencias,
Ver las cintilaciones del zodíaco
Sobre la sombra de nuestras conciencias...

poema de Ramón López Velarde

Ramón López Velarde - Viaje al terruño

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Viaje al terruño

A Enrique Fernández Ledezma.


De tu magnífico traje
Recogeré la basquiña
Cuando te llegues, o niña,
Al estribo del carruaje.
Esperando para el viaje
la tarde tiene desmayos
Y de sus últimos rayos
La luz mortecina ondea
En la lujosa librea
De los corteses lacayos.

No temas: por los senderos
Polvosos y desolados
Te velarán mis cuidados,
Galantes palafreneros.
Y cuando con mil luceros
En opulento derroche
Se venga encima la noche,
Obsequiará tus oídos
Con sus monótons ruidos
La serenata del coche.


EN CAMINO

Al fin te ve mi fortuna
Ir, a mi abrigo amoroso,
Al buen terruño oloroso
En que se meció tu cuna
Los fulgores de la luna,
Desteñidos oropeles,
Se cuajan en tus broqueles
Y van por la senda larga,
Orgullosos de su carga,
Los incansables corceles.

De la noche en el arcano
Llega al éxtasis la mente
Si beso devotamente
Los pétalos de tu mano.
En la blancura del llano
Una fantasía rara
Las lagunas comparara,
Azuladas y tranquilas,
Con tus azules pupilas
En la nieve de tu cara.

La aurora su lumbre viva
Manda al cárdeno celaje
Y al empolvado carruaje
Un rayo de luz furtiva.
Surge la ciudad nativa:
En sus lindes, un bohío
Parece ver que del río
El cristal rompen las ruedas,
Y entre mudas alamedas
Se recata el caserío.

Como níveo relicario
Que ocultan los naranjales,
Del coche por los cristales
¿no distingues el Santuario?
Del esbelto campanario
Salen y rayan los cielos
Las palomas con sus vuelos,
Cual si las torres, mi vida,
Te dieran la bienvenida
Agitando sus pañuelos.


LLEGADA

Por las tapias la verdura
Del jazmín cuelga a la calle,
Y respira todo el valle
Melancólica ternura.
Aromarán la frescura
De tus carrillos sedeños
Los jardines lugareños,
Y en las azules mañanas
Llegarán a tus ventanas,
En enjambres, los ensueños.

Escucharás, amor mío,
Girando en eterna danza
La interminable tardanza
De las hojas... Y en el frío
Mes de diciembre sombrío,
En el patriarcal sosiego
Del hogar, mi dulce ruego
Ha de loar to belleza
Cabe la muda tristeza
Del caserón solariego.

Esparcirán sus olores
Las pudibundas violetas
Y habrá sobre tus macetas
Las mismas humildes flores:
La misma charla de amores
Que su diálogo desgrana
En la discreta ventana,
Y siempre llamando a misa
El bronce, loco de risa
De la traviesa campana.

A tus plácidos hogares
Irán las venturas viejas
Como vienen las abejas
A buscar los colmenares.
Y mi cariño en tus lares
Verás cómo se acurruca
Libre de pompa caduca,
Al estrecharte mi abrazo
En el materno regazo
De tu aromosa tierruca.

poema de Ramón López Velarde

Ramón López Velarde - Tus ventanas

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Tus ventanas

Tus ventanas, con pájaros y flores
Tus ventanas que miran al Oriente,
Están esclarecidas con la gracia
De la aurora riente
Que con primicias de su luz decora
La virtud de tu frente.

Tus ventanas de antigua arquitectura
En que el canario, a trinos, alborota
La paz de tu silencio provinciano;
Ventanas en que flota,
Para embriaguez de los amantes fieles,
La desmayada ofrenda del perfume
De rosas y claveles...

Tus ventanas, Amor, de cuya clave
Quise colgar la jaula de mi dicha
Para que la cuidaras como una ave;
Ventana de madera
En que en vano soñé dejar prendida
Mi devoción como una enredadera...

Tus ventanas que miran al oriente
Y madrugan, fragantes, de limpieza
¿Esperaron un alba,
de cándida belleza
o el regreso del novio
que anda en tierras de olvido,
o esperan, acaso,
el milagro de un sol desconocido?

Ventanas que rondé
En la alborada de mis mocedades,
Rejas con agua, y luz, y caracoles
En que Ella gusta de escuchar el sordo
Fragor de las marinas tempestades;
Rejas dignas de célebres idilios.
Rejas de mi noviazgo adolescente,
Que yo os mire de nuevo
¡Oh ventanas abiertas al Oriente!

poema de Ramón López Velarde

Ramón López Velarde - Tu voz profética

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Tu voz profética

¡Ay de Dios, que tu palabra
me tiene embrujada
el alma!
Mi lírica adolescencia
Y tu existencia
Gitana
Se dicen en la ventana
Cosas
De amor y buenaventura
En estas noches lluviosas

Juran por Cristo, venerables dueñas,
De quien llora en el vientre de la madre
Conoce del futuro; tú gemiste
Antes de que nacieras, y por eso
Tus artes de gitana me iluminan
En los discursos de tu voz profética.

Me haces la caridad de tu palabra
Y por oírte hablar quedan las cosas
Enmudecidas religiosamente,
Y yo me maravillo del concepto
Que en tu boca, Fuensanta, se hace música,
Y me quedo pendiente de tus labios
Como quien se divierte con cristales.

Me embelesa el decoro de tu plática,
Y ante tu vista escrutadora extiendo
La palma de las manos, predices,
Mi destino en lenguaje milagroso.


Y sigues conversando, eres la clave
Del dolor y del gozo; abarca todas
Las horas venideras, la mirada
De tus ojos sintéticos, bien mío.
Y con tu rostro ecuánime subyugas
¡oh tú, la bienpensada que conversas
cual si hubieses venido del misterio!

¡Si me quitan el regalo
de tus proféticos labios,
me muero de desencanto!

Dios quiera
Que se conserve el prodigio
De tu palabra hechicera
Para decirme en voz baja
cosas
De amor y buenaventura
En estas noches lluviosas.

Y nuestro dulce noviazgo
Será, Fuensanta, una flor
Con un pétalo de enigma
Y otro pétalo de amor.
¡Tú me dirás del enigma,
yo te diré del amor!

¡Ay de Dios, que tu palabra
me tiene embrujada
el alma!

poema de Ramón López Velarde

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