lunes, 27 de abril de 2009

Poema: Con el hirviente resoplido moja de José Zorrilla

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Con el hirviente resoplido moja
el ronco toro la tostada arena,
la vista en el jinete ata y serena,
ancho espacio buscando el asta roja.

Su arranque audaz a recibir se arroja,
pálida de valor la faz morena,
e hincha en la frente la robusta vena
el picador, a quien el tiempo enoja.

Duda la fiera, el español la llama;
sacude el toro la enastada frente,
la tierra escarba, sopla y desparrama;

le obliga el hombre, parte de repente,
y herido en la cerviz, húyele y brama,
y en grito universal rompe la gente.


Poema: Cristo, legislador, no escribió nada de José Zorrilla

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Cristo, legislador, no escribió nada;
ni papiro dejó ni un pergamino:
quedó tras Él su espíritu divino,
su fe con su memoria inmaculada.

Cristo, rey, no empuñó cetro ni espada;
en el polvo sembró de su camino
de su fe la semilla; a su destino
dejándola y al tiempo encomendada.

Germen de amor, de paz, de fe y cariño,
culto del alma, religión interna,
de fausto exenta y de mundano aliño,

la propagó el amor, la amistad tierna,
la fe del pobre, la mujer y el niño:
y por eso es veraz, única, eterna.


Poemas de José Zorrilla

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Jose Zorrilla
José Zorrilla

Aquí se muestran una gran cantidad de títulos interesantes del gran poeta y dramaturgo español José Zorrilla, solo pulsa en el título deseado para ir al poema correspondiente.

TÍTULOS DE LOS POEMAS

Poema A la luna de enero de José Zorrilla

Poema Meditación

Con el hirviente resoplido

Cristo legislador

Vigilia

Poema Gloria y orgullo de José Zorrilla

Poema Pereza

Cadena

Poema En el álbum

Poema Misterio

Poema Composición de José Zorrilla

Poema A la Luna

Poema Horizontes

Impresiones de la noche

Poema Fe de José Zorrilla

Poema A España artística

Poema Ira de Dios

Romance de José Zorrilla

Poema La noche no tiene ruido

Poema La sorpresa de Zahara

Poema Príncipe y Rey

Poema La cortina verde de José Zorrilla

Poema Justos por pecadores

Un apéndice a las ventanas de la Duquesa

Luengas edades luengas novedades

Poema El paso de armas de Beltrán de la Cueva

Poema Recuerdos de José Zorrilla

Poema Favor de Rey

Poema Los borceguíes de Enrique II

Poema Una aventura de 1360

Poema Las estocadas de noche de José Zorrilla

Poema Justicias del Rey don Pedro

Poema Para verdades el tiempo

Poema Honra y vida que se pierden

Poema Recuerdos de Valladolid

Romance - A buen juez mejor testigo de José Zorrilla

Poema Las dos rosas de José Zorrilla

Poema El niño y la maga

Poema El caballero de la buena memoria

El capitán Montoya - 1 -

El capitán Montoya - 2 -

El capitán Montoya - 3 -

El capitán Montoya - 4 -

El capitán Montoya - 5 -

El capitán Montoya -6 -

El capitán Montoya - 7 -

El capitán Montoya - 8 -

El capitán Montoya - 9 -

El capitán Montoya - 10 -

Poema El escultor y el duque

Poema La azucena silvestre (1)

Poema La azucena silvestre (2)

Poema Oriental de José Zorrilla

Poema a la memoria desgraciada del joven Literato

Vigilia de José Zorrilla

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misterio de los suenos
«Misterios del alma son.»
Moreto.


Pasad, fantasmas de la noche umbría,
De negros sueños multitud liviana,
Que columpiados en la niebla fría,
Fugitivos llamáis a mi ventana.

Pasad y no llaméis. Dejadme al menos
Que en la nocturna soledad dormido,
Los lentos días de amargura llenos
Calme, y repose en momentáneo olvido.

Pasad y no llaméis. La sombra oscura
Vuestro contorno sin color me vela;
Ni sé quién sois, ni vuestra faz impura
El más leve recuerdo me revela.

Mil veces al oír vuestros gemidos
Mis ventanas abrí por consolaros,
Os busqué en las tinieblas, ¡y erais idos!...
¿A qué llamar si nunca he de encontraros?

Id a turbar el sueño indiferente
Del que entre plumas sin afán reposa,
Del que la vida en su risueña mente
Ve placentera y celestial y hermosa.

Y si venís con rostros halagüeños,
Mensajeros de rápidos placeres,
Avaras hallaréis de vuestros sueños
Por doquiera bellísimas mujeres.

Llamad donde a la lumbre vacilante
De alguna tibia y oportuna estrella
Puedan al fin gozaros un instante,
Y ver un punto vuestra blanca huella.

No a mí, que en vano por la sombra tiendo
Los turbios ojos, me invoquéis perdidos;
No a mí, que acudo, vuestra voz oyendo
Y al registrar la sombra, ya sois idos.

No a mí, que presa de secretos males,
Tal vez la triste soledad me inspira
Tiernas endechas y amorosos vales
Que ensayo a solas en mi pobre lira.

No a mí, que al son de vuestras vagas voces
Siento otra voz que me repito insana
Dentro del corazón esos veloces,
Ecos que murmuráis a mi ventana.

¡Ah! Yo os respondo y suspiráis pasando
Sin que baste a entender vuestro suspiro;
Os llamo a mí, y os alejáis volando,
Gemís si duermo, y os veláis si os miro.

Si a vuestras tristes misteriosas quejas
Mis rejas abro y vuestro bien deseo,
Sólo a través de mis macizas rejas
Cruzar las nubes en silencio veo.

¡Oh de la noche incomprensibles ruidos!
Ayes que hervís en la tiniebla oscura....
¿Quién sois? ¿Dó vais? ¿De dónde sois venidos?
¿Qué voz ajena en vuestra voz murmura?

¿Sois el rumor del agitado viento,
Los ayes de las almas sin reposo,
o la voz del tenaz remordimiento,
Del descanso enemigo y envidioso?

Quienquiera que seáis, almas o nieblas,
Pasad, y en vuestra confusión liviana
Seguid vuestro camino en las tinieblas
Y no llaméis jamás a mi ventana.

Porque es triste ¡muy triste! un aposento
Donde a la luz de lámpara que expira
Se oye el crujir del tumultuoso viento
Que fuera en torno de las torres gira.

Es triste, sí, muy triste y muy medroso,
Velar sobre un volumen carcomido,
La frente ardiendo, el alentar penoso,
Las llamaradas aumentando el ruido;

Viendo las letras en las turbias hojas
A su dudosa vibración mezclarse,
Negras, azules, amarillas, rojas,
A la afanosa comprensión negarse.

Y leer en vez de religiosas voces
de amorosa y métrica armonía,
Cifras que borran, cifras más veloces,
De sentido infernal, de raza impía.

Pasad, fantasmas de la noche oscura,
Quienquiera que seáis, almas o nieblas;
Pasad, y en mis vigilias de amargura
No llaméis a mi reja en las tinieblas.

No llaméis, que enemigo de la sombra,
Odia el cantor vuestra armonía vana;
Dejad al trovador a quien asombra
El oiros llamar a su ventana.

¡Pasad, sombras sin cuerpos, aires vanos,
Pobres de luz, de voz desconocida,
Esquivos a los ojos y las manos,
Extraños a la fe de nuestra vida!

Pasad, y no turbéis de mi sosiego
La dulce calma o la nocturna vela:
No creo en vuestro ser; pasad os ruego,
Seguid al aire que os arrastra y vuela.

¿Pensáis que a esos aúllos y suspiros
Con que llenáis la oscuridad tranquila,
Como a silbos de brujas o vampiros
Mi amedrentado corazón vacila?

¿Pensáis ¡oh! que por miedo de escucharos,
Con voz pujante entonaré canciones,
Y al arpa acudiré para ahuyentaros
Con dulces trovas de amorosos sones?

¡Mentís, abortos de la sombra vana!
Yo sé bien que si fuerais más que viento,
Holgarais en montón en mi ventana
Al blando son de mi amoroso acento.

Mentís, hijos del aire y de las nieblas,
Mentís: yo tengo sin cesar conmigo
Un talismán que alumbra las tinieblas
Del desdichado protector y amigo.

Mirad cuál radia en mi tugurio estrecho
La limpia luz de la esperanza mía;
Mirad cuál vela en mi desierto lecho
Con su cariño maternal MARÍA.

Todas las noches mi dolor la implora,
Y amiga de mi llanto solitario,
Todas las noches mis engaños llora
Con el raudal que reventó el Calvario.

Pasad, remordimientos tentadores:
Ya sé quién gime mi falaz desvío,
Ya sé quién riega las marchitas flores
Con tierno llanto, del recuerdo mío.

¡Ya sé quién «hijo» en soledad me llama,
E «hijo» a su voz la soledad responde!.....
¡Ah! Cuanto más tras la ovejuela clama,
Más a sus quejas y a su afán se esconde.

Tierna, amorosa, celestial MARÍA,
Rosa inmortal del Gólgota sangriento,
Faro infalible que mi rumbo guía
Entre la furia de la mar y el viento;

Líbrame de esos ecos misteriosos
Que me atormentan en la sombra vana,
Aleja esos fantasmas vaporosos
Que vienen a llamar a mi ventana.

¡Y tú, perdida y bella,
Fugaz y última estrella
Que viertes a deshora
Delante de la aurora
Con perezosa huella
Dudoso resplandor!
¡Oh! ¡Tráeme la hermosura,
La calma y la frescura
Del alba transparente,
Que este tropel ahuyente
Con que la sombra oscura
Me cerca en derredor!

Ven, estrella matutina,
Y a tu blanca y argentina
Silenciosa aparición,
Huirá de mi ventana
Esa confusión liviana
Que despierta mi aflicción

¡Lámpara de consuelo
A cuya lumbre velo,
Que escuchas solitaria
Mi tímida plegaria,
Si acaso llega al cielo
Mi súplica mortal!
Tráeme la luz del día
Que calme la agonía
De esos remordimientos
Que bogan turbulentos
Sobre la niebla umbría
En ilusión fatal.

Ven, estrella matutina,
Y tu blanca y argentina
Silenciosa aparición,
Ahuyente de mi ventana
Esa infernal caravana
Que huella mi corazón.

Recuerdos son dañinos
Que cruzan peregrinos
El arenal desierto
Del corazón incierto,
Buscándole caminos
Que acaso no hay en él.
Que nunca ven tranquilo
Recóndito un asilo,
Y que jamás se amansan,
Y que jamás descansan,
Corrientes que hilo a hilo
Desbordan su nivel.

Ven, estrella matutina,
Y a tu blanca y argentina
Luminosa aparición,
Huyan las sombras livianas
Que llaman a las ventanas
De mi triste corazón.

Dejadme, negros sueños,
De aterradores ceños,
De fuerza irresistible,
Ya sé que es imposible
Vencer vuestros empeños.....
Ya vuestro nombre sé.
Dejadme que respire,
Que viva y que delire;
Pues mis errores lloro,
Dejadme, yo os imploro
¡Dejad que en paz suspire
Lo que insensato holló!

Ven, estrella matutina,
Y a tu blanca y argentina
Silenciosa aparición,
Huyan las sombras livianas
Que llaman a las ventanas
De mi triste corazón.

Gloria y orgullo de José Zorrilla

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¡Lejos de mí, placeres de la tierra,
Fábulas sin color, sombra, ni nombre,
A quien un nicho miserable encierra
Cuando el aura vital falta en el hombre!

¿Qué es el placer, la vida y la fortuna,
Sin un sueño de gloria y de esperanza?
Una carrera larga e importuna,
Más fatigosa cuanto más se avanza.

Regalo de indolentes sibaritas,
Que velas el harén de las mujeres,
Opio letal que el sueño facilitas
Al ebrio de raquíticos placeres.

Lejos de mí. No basta a mi reposo
El rumor de una fuente que Murmura,
La sombra de un moral verde y pomposo,
Ni de un castillo la quietud segura.

No basta a mi placer la inmensa copa
Del báquico festín, libre y sonoro,
De esclavos viles la menguada tropa,
Sin las llaves de espléndido tesoro.

De un Dios hechura, como Dios concibo;
Tengo aliento de estirpe soberana:
Por llegar a gigante, enano vivo:
No sé ser hoy y perecer mañana.

Yo no acierto a decir «la vida es bella»,
Y descender estúpido al olvido;
Amo la vida porque sé por ella
Al alcázar trepar donde he nacido.

De esa inmensa pasión que llaman gloria
Brota en mi corazón ardiente llama,
Luz de mi ser me abrasa la memoria,
Voz de mi ser inextinguible clama.

Gloria, ilusión magnífica y suprema,
Ambición de los grandes en quien quiso
Velar Dios esa mística diadema
Que nos dará derecho al Paraíso,

Nada es sin ti la despreciable vida,
Nada hay sin ti ni dulce ni halagüeño;
Sólo en aquesta soledad perdida
La sombra del laurel concilia el sueño.

Sólo al murmullo de la excelsa palma
Que el noble orgullo con su aliento agita,
En blando insomnio se adormece el alma,
Y en su mismo dormir crea y medita.

Zeusis, Apeles, Píndaro y Homero,
Bajo ese verde pabellón soñaron;
César, Napoleón y Atila fiero,
Bajo ese pabellón se despertaron.

Por ti el delirio del honor se adora,
Por ti el hinchado mar hiende el marino,
Por ti en su gruta el penitente llora,
Y empuña su bordón el peregrino.

Por ti el soldado se vendió a sus reyes,
Y lidia agora con porfía insana,
No por esas que ignora pobres leyes,
Por comprar una lágrima mañana.

Por ti le canta el orgulloso amante
Dulces trovas de amor a una querida
Porque tal vez un venturoso instante
Tenga en su canto prolongada vida,

Por ti del negro túmulo en la piedra
Ambicioso el mortal graba su nombre,
Porque tal vez entre la tosca hiedra
Otro día al pasar le lea un hombre.

Por ti acaso el cansado centinela
Que incendió una ciudad en la batalla,
Su cifra indiferente o mientras vela,
Pinta con un tizón en la muralla.

El polvo en que hubo sus cabañas Roma,
Por ti con templos y palacios pisa;
Por ti su gesto satisfecho asoma
Tras su inmenso sarcófago Artemisa.

Por ti vencida se incendió a Corinto,
Por ti la sangre en Maratón se orea,
Por ti una noche con aliento extinto,
Tumba Leonidas demandó a Platea.

Por ti trofeos el cincel aborta,
Y álzanse torres con tenaz porfía;
Porque es la vida deleznable y corta,
Y todos quieren prolongarla un día.

Por eso velo con la noche obscura
Sobre un volumen carcomido y roto,
Y un mañana me sueño de ventura,
Y otra existencia en porvenir remoto.

Por eso en mis estériles canciones
El blando son del agua me adormece,
Y entre pardos y errantes nubarrones,
De la noche el fanal se desvanece.

Oigo en mi canto el lánguido murmullo
Del aura que los árboles menea,
De la tórtola triste el ronco arrullo,
Y la sonora lluvia que gotea.

Veo las sacrosantas catedrales,
Los antiguos y góticos castillos,
Y el granizo se estrella en sus cristales,
O azota sus escombros amarillos.

¡Oh! Si sentís esa ilusión tranquila,
Si creéis que en mis cánticos murmura
Ya el aura que en los árboles vacila,
Ya el mar que ruge en la tormenta obscura;

Si al son gozáis de mi canción, que miente
Ya el bronco empuje del errante trueno,
Ya el blando ruido de la mansa fuente
Lamiendo el césped que la cerca ameno;

Si cuando llamo a las cerradas rejas
De una hermosura, a cuyos pies suspiro,
Sentís tal vez mis amorosas quejas,
Y os sonreís cuando de amor deliro;

Si cuando en negra aparición nocturna
La raza evoco que en las tumbas mora,
Os estremece en la entreabierta urna
Respondiendo el espíritu a deshora;
Si lloráis cuando en cántico doliente,
Hijo extraviado, ante mi madre lloro,
O al cruzar por el templo reverente,
La voz escucho del solemne coro;

Si alcanzáis en mi pálida mejilla,
Cuando os entono lastimosa endecha,
Una perdida lágrima que brilla
Al brotar en mis parpados deshecha;

Todo es una ilusión, todo mentira,
Todo en mi mente delirante pasa,
No es esa la verdad que honda me inspira;
Que esa lágrima ardiente que me abrasa,

No me la arranca ni el temor ni el duelo,
No los recuerdos de olvidada historia:
¡Es un raudal que inunda de consuelo
Este sediento corazón de gloria!

¡Gloria! Madre feliz de la esperanza,
Mágica alcázar de dorados sueños,
Lago que ondula en eternal bonanza
Cercado de paisajes halagüeños,

¡Dame ilusiones! Dame una armonía
Que arrulle el corazón con el oído,
Para que viva la memoria mía
Cuando yo duerma en eternal olvido.

¡Lejos de mí, deleites de la tierra,
Fábulas sin color, forma, ni nombre,
A quién un nicho miserable encierra
Cuando el aura vital falta en el hombre!

¡Gloria, esperanza, sin cesar conmigo
Templo en mi corazón alzaros quiero,
Que no importa vivir como el mendigo
Por morir como Píndaro y Homero!

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